El sueño de escalar hasta la cima de la estructura corporativa ya no seduce a la mayoría de los jóvenes profesionales. Diversos estudios internacionales coinciden en que millennials (Generación Y) y centennials (Generación Z) están redefiniendo el concepto de éxito laboral, priorizando el equilibrio personal y el propósito antes que un cargo directivo.
Durante décadas, para los Baby Boomers y la Generación X, alcanzar un puesto de liderazgo significaba estabilidad económica, prestigio y poder de decisión.
Sin embargo, el modelo tradicional de ascenso jerárquico está perdiendo atractivo frente a nuevas expectativas sobre calidad de vida y bienestar.
Millennials y Generación Z no aspiran a cargos directivos
Una encuesta de CoderPad, plataforma especializada en entrevistas técnicas, reveló que el 36% de los profesionales del sector tecnológico no desea asumir roles de gestión, según datos citados por Forbes.
En la misma línea, el orientador profesional Gorick Ng, de la Universidad de Harvard, señaló —en declaraciones recogidas por la revista Você RH— que apenas el 2% de los estudiantes de esa institución tiene como meta escalar en la estructura corporativa tradicional.

Estrés y presión, entre las principales razones
De acuerdo con un análisis de la consultora Deloitte, el 40% de los directivos reporta altos niveles de estrés laboral, frente al 35% de los empleados. Datos difundidos por Business Insider refuerzan la percepción de que los cargos de liderazgo implican mayor presión y desgaste emocional.
Para muchos jóvenes, un aumento salarial no compensa jornadas extensas ni responsabilidades que afecten su tiempo personal. La flexibilidad horaria, el trabajo remoto y la alineación con los valores de la empresa pesan más en sus decisiones profesionales.
Nuevas reglas en el mundo corporativo
Expertos coinciden en que esta tendencia no significa falta de ambición. Las nuevas generaciones buscan crecimiento, autonomía y participación en decisiones estratégicas, pero sin asumir necesariamente el rol tradicional de jefe.
Ante este cambio cultural, las empresas que deseen atraer y retener talento joven deberán apostar por modelos laborales flexibles, entornos innovadores y propuestas con sentido social.













